La competencia es de izquierdas

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Este no es un país liberal. Incluso los que se autoproclaman liberales en términos económicos no lo son. En el fondo aborrecen la competencia que es la esencia del liberalismo económico (el neoliberalismo, como todo neo, es otra cosa). También muchas grandes empresas de este país. En el origen de toda fortuna en España “siempre suele haber una concesión”, indica un experto en inversiones en España, para el que Inditex (Zara) es “una excepción”. Hay otras. Aunque muchas empresas del Ibex-35 están íntimamente ligadas al Estado, a las tarifas y a la regulación. Por no hablar de un capitalismo propio, muy diferente al británico, en el que el accionista de a pie no cuenta. Algunos presidentes de grandes empresas españolas no lo serían si fueran británicas.

Nuestra derecha nunca ha sido liberal. Confunde liberalizar con privatizar.  En los 90, el PP privatizó antes que liberalizó, lo contrario de lo que venía haciendo el Gobierno de Felipe González. Como ocurre ahora con la Sanidad en Madrid. Se privatiza con otros fines, no para que haya competencia, pues son unas pocas empresas las que se reparten la tarta en el sector. Sigue leyendo

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¿Lo harán ellos?

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El sistema político está haciendo aguas. Estamos ante un final de régimen, aunque no se sabe el tiempo que tomará transformarlo. Cuando más dure, más difícil será un cambio con reforma y no con ruptura, en un país que no ha sabido nunca reformar sus constituciones –entiéndase reformas a fondo- sino que siempre la has cambiado de forma traumática. Estamos ante una oportunidad de hacer bien las cosas. El problema es ¿quién lo hará? ¿Existen los actores políticos para conducir este cambio?

Reformar la Constitución es necesario, pero no suficiente. Pues hay que actuar también al nivel de todas las instituciones –incluida, claro está, la Corona-, y de los partidos,  con cambios que en algunos casos no resolverán nuevas leyes. Lo más difícil es una transformación de la cultura política imperante, sin la cual todo esfuerzo resultará vano. Pues, a pesar de las diversas constituciones y regímenes, el caciquismo, por ejemplo, tiende a reproducirse, a veces a través de las mismas familias en diversos regímenes (como ha ocurrido, según recuerda José Saturnino Martínez, con los Fabra en Castellón desde principios del siglo pasado). Sigue leyendo

El gran divorcio

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Una parte importante de los italianos ­-quizás se pueda interpretar que una mayoría-, ha votado en contra de la austeridad (además de otras cosas). Y, sin embargo, el coro -desde los mercados, a la Comisión Europea, Berlín y otros centros de decisión- no ha dudado en insistir: No importa lo que hayáis votado, no hay otro camino que el de la austeridad. Aunque no esté claro a dónde lleva este camino. Lo que plantea un peligroso divorcio entre Estados, mercados y ciudadanos. Pero hay otros divorcios que pesan en la situación.

¿Hay alternativa a la austeridad? Más bien hay alternativas dentro de la austeridad. No fue lo mismo la austeridad de Zapatero que la de Rajoy, como tampoco lo es la de Hollande. Pero éste se ha está topando también con la realidad de esta Europa del euro (e incluso más allá, como demuestra el caso del Reino Unido). No es posible una política de estímulo en un solo país si ese país tiene que financiarse en los mercados (o más aún, si está intervenido, y por tanto, su política condicionada). Salvo que ese país se llame Alemania (pero no quiere). O salvo que lo adopte la Unión Europea, como proponía François Hollande y ahora vuelve a hacerlo desde la izquierda italiana Pier Luigi Bersani, aspirante a primer ministro. Sigue leyendo

Antes de que salte una chispa

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En política no basta tener buenas ideas, hay que saber cómo llevarlas a cabo. Se pueden diseñar todos los decálogos que se quiera, pero si no se planea a la vez el proceso político para lograrlos y aplicarlos, no sólo no se llegará a nada, sino que se generará melancolía, o peor, frustración.

España está política, económica, socialmente y territorialmente al borde del abismo. Salir de él va a requerir un enorme esfuerzo de reformas, una transición de otro tipo, sin un modelo claro. Un elemento central, quizás como colofón, ha de ser un cambio profundo en la Constitución, pero también de numerosas leyes y conductas, lo que requiere un amplio acuerdo. ¿Están los grandes partidos dispuestos a ello? Aunque tendremos en el Debate del estado de la Nación un atisbo de hasta dónde lo están, no parece que hoy por hoy sea posible siquiera que se pongan de acuerdo sobre algunos principios. Ya surgen en algunos centros de decisión del PP resistencias a incluir plenamente a los partidos políticos en la Ley de Transparencia. Entre los socialistas se empiezan a expresar dudas sobre la necesidad de primarias. Y ambos se alejan de una reforma en profundidad, y sin embargo, urgente, de la Ley de Partidos. Por citar tres ejemplos. Sigue leyendo

¿Fin de régimen? Lecciones italianas

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En Italia, Tangentopoli, el alto grado de corrupción política que jueces y fiscales sacaron a la luz a principios de los 90, acabó con los partidos tradicionales, la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. Y la eventual reconversión del Partido Comunista hacia lo que hoy, con otros añadidos, es el Partido Demócrata. Y llevó al  surgimiento de un fenómeno populista como ha sido, y sigue siendo, Berlusconi que no acabó con la corrupción sino que, de hecho, la institucionalizó aún más, con nuevos embalajes.

¿Puede algo así ocurrir en España?

En España la crisis es mucho mayor que en aquella Italia donde no hubo realmente un cambio de régimen que sí se puede llegar a dar en España, donde la dimensión política se ha venido a entremezclar con la económica, la social, la laboral y la de las instituciones. Sigue leyendo