Algo habrán hecho

La escena. El día de la Diada, en la que muchos miles de catalanes hicieron su cadena cívica de norte a sur de Cataluña, cuyo enorme impacto aún se está digiriendo, el delegado de la Generalitat en Madrid, Josep María Bosch, se disponía a tomar la palabra en una pequeña recepción en el Centro Cultural Blanquerna, en la madrileña calle de Alcalá, donde tiene también su delegación oficial. Bien entrenado, y sin duda avisado, en ese momento irrumpió un grupo de jóvenes, y no tan jóvenes, algunos tapados, con banderas de Alianza Nacional y del falangista  yugo y flechas, rompiendo los cristales de las puertas, abriéndose paso violentamente entre el centenar de asistentes y amedrantando a algunos, y destrozando el atril, al grito de “Nos nos engañan, Cataluña es España”. Salieron pronto, pero rociando el último de ellos un gas irritante que obligó a los asistentes a salir precipitadamente a la calle. El acto se desarrolló posteriormente en un jardín adjunto. Pero a muchos nos dejó el resabio de algo que no habíamos vivido desde el franquismo y los albores de la Transición. Doce de los fachas gamberros, conocidos, fueron detenidos, aunque la policía debió haber vigilado mejor el lugar antes.
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¿Un sueño español?

Obama Xi Jinping

Los presidentes de los dos países más importantes del mundo, Barack Obama y Xin Jinping, se reunieron en Sunnylands, California el anterior fin de semana. El chino le explicó al americano el “sueño chino”, el último lema oficial, en un horizonte a medio y largo plazo, de 2020 y 2050. Y aunque EE UU ha perdido poder en términos relativos, el sueño americano –el de que cualquiera puede ascender con trabajo y suerte- se mantiene a pesar de la crisis y una creciente desigualdad que lo hace mucho más difícil. El propio Obama, el primer negro que llega a la Casa Blanca, es parte de ese sueño. Los grandes parecen poder soñar. Y este debate sobre sueños que tuvieron ambos mandatario me ha llevado a pensar, ¿dónde está el sueño español? Sigue leyendo