Algo habrán hecho

La escena. El día de la Diada, en la que muchos miles de catalanes hicieron su cadena cívica de norte a sur de Cataluña, cuyo enorme impacto aún se está digiriendo, el delegado de la Generalitat en Madrid, Josep María Bosch, se disponía a tomar la palabra en una pequeña recepción en el Centro Cultural Blanquerna, en la madrileña calle de Alcalá, donde tiene también su delegación oficial. Bien entrenado, y sin duda avisado, en ese momento irrumpió un grupo de jóvenes, y no tan jóvenes, algunos tapados, con banderas de Alianza Nacional y del falangista  yugo y flechas, rompiendo los cristales de las puertas, abriéndose paso violentamente entre el centenar de asistentes y amedrantando a algunos, y destrozando el atril, al grito de “Nos nos engañan, Cataluña es España”. Salieron pronto, pero rociando el último de ellos un gas irritante que obligó a los asistentes a salir precipitadamente a la calle. El acto se desarrolló posteriormente en un jardín adjunto. Pero a muchos nos dejó el resabio de algo que no habíamos vivido desde el franquismo y los albores de la Transición. Doce de los fachas gamberros, conocidos, fueron detenidos, aunque la policía debió haber vigilado mejor el lugar antes.

Atrás han quedado aquellas nutridas celebraciones de la Diada en Madrid que (normalmente al día siguiente) organizaba la delegación de la Generalitat en la madrileña Residencia de Estudiantes, tan cargada de significado, con la presencia de los presidentes Pasqual Maragall, José Montilla y otros dirigentes catalanes, y de una parte importante de la intelectualidad, política y diplomacia madrileñas. Pero eso es historia. Que no se hayan repetido ese tipo de encuentros indica el deterioro general de la situación.

¿Fue lo que ocurrió en Blanquerna una acción aislada o precursora? Mucha gente se lo preguntaba. Los reventadores no representan a nadie, y la extrema derecha está de capa caída. Pero nada garantiza que la crisis y un nuevo anticatalanismo anti-independentista no la impulsen, aunque sea de forma minoritaria, en un vacío de populismo. Además, esta extrema derecha, como ha informado eldiario.es se está reconfigurando y está bien conectada, aunque estrechamente vigilada por la policía y los servicios de inteligencia. Pese a ser fenómenos minoritarios, acciones como éstas pueden estrechar aún más el margen de maniobra del Gobierno.

Una cosa es lo que pasó en Blanquerna y otra lo que puede pensar la gente de la calle. Pues lo que sí podría es abrir peligrosamente paso a un pensamiento, o mejor dicho sentir pues hay poco pensar en ello, de que “se la han buscado”, o cuando menos, “algo habrán hecho”. Algo malo, se entiende, incluido el expresar pacíficamente su opinión. Fuera del centro cultural estaban esperando el autobús dos señoras que preguntaron qué estaba ocurriendo y la razón de ese, posterior, despliegue de policías y ambulancias. Se les explicó. Pero su reacción final fue: “A ver si estos catalanes empiezan a pagar sus impuestos”. Eso es lo que les debe haber llegado. Y es que en todo este debate reina una desinformación general, lo que lleva a esa reacción del “algo habrán hecho”.

No creo que la independencia sea ninguna solución para Cataluña, España ni Europa, sino un desastre para las tres. Otro día hablaré del derecho a la autodeterminación, del llamado derecho a decidir y del principio democrático. Pero de lo que no hay duda, además del derecho a defender esa opción, es de que algo hay que hacer antes de que la situación llegue a un punto de no retorno. De hecho, la Diada ha despertado a alguna gente y a algunos medios en Madrid, y la respuesta de Rajoy a la carta de Mas ha sido más prudente de lo esperable, aunque no abre verdaderamente ninguna puerta, pero tampoco las cierra.

En ese qué hacer está (y no solo para resolver el  encaje de Cataluña sino como un elemento central, aunque no único,  para recomponer el deteriorado sistema político) una profunda reforma constitucional que todos podamos votar. Si no se abren esas perspectivas, vamos hacia un choque de trenes. Y llegar a elecciones plebiscitarias en 2016 (o antes) es la peor de las opciones, pues las voces de los moderados en el tema no se dejarán oír.

Evitemos el “algo habrán hecho”, y para ello hay mucho que hacer. Es necesario que los 11 de septiembre en Madrid volvamos a la Residencia de Estudiantes. A tender puentes, como pedía Josep María Bosch citando unos versos de Espriu, en cuyo año del centenario estamos y también Blanquerna lo celebra (traducción):

Haz que sean seguros los puentes del diálogo

y trata de comprender y de estimar

las diversas razones y hablas de tus hijos.

Que la lluvia caiga poco a poco en los sembrados

y el aire pase como una mano extendida,

suave y muy benigna sobre los anchos campos.

Que Sepharad viva eternamente

en el orden y en la paz, en el trabajo,

en la difícil y merecida

libertad.

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2 pensamientos en “Algo habrán hecho

  1. Les faltó un varón y luego se apuntaron al perdedor. Perdimos Gibraltar y con unos catalanes que
    siguen en guerra. Cuál es la solución? Hay problemas sin solución: Irlanda del Norte, Israel, etc.
    Lo que no hay duda es que los catalanes están fuera de tiempo. No quiero que se siga fracciomnando España. Con Portugual nos basta. Juan M. Ortega

  2. Una reacción así tenía sentido hace unos años. Se agradece el respeto, es raro leer escritos madrileños sobre catalanes sin descalificaciones. Pero se nos ha hecho tarde: muchos, muchísimos catalanes no queremos mirar atrás sino construir un Estado mejor, y con excelentes relaciones fraternales con España.

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