Sigue con tu guerra, El Asad

WWI Q3

Occidente es más sensible a la guerra química por su uso, por ambos bandos, en la Primera Guerra Mundial y su posterior prohibición en 1925. Pero no es el único. Irán, gaseado por Irak (con conocimiento de EE UU), también debería serlo, pero en este caso apoya a uno de sus últimos aliados en la zona, el régimen de Bachar El Asad. Si se confirma el supuesto uso de gases mortíferos -la llamada bomba nuclear del pobre-, El Asad habrá cruzado una línea roja. Supuesto, pero esta vez, a la espera del informe de los inspectores de la ONU, los datos proporcionados por la Administración Obama son precisos. El problema es que el castigo que por ello infligirá EE UU junto a algunos socios no resolverá nada, pues el régimen seguirá intacto e incluso puede salir reforzado de tal ataque. A Washington le gustaría acabar con él, pero no a costa de fomentar en su lugar un yihadismo suní que en parte alimenta a unos rebeldes de los que EE UU –y muchos de sus socios- no se fían.

Hay pocas dudas de que Obama, premio Nobel de la Paz, mandará el ataque con su mando a distancia, con misiles de crucero y, si acaso, la aviación, una vez que consiga el apoyo del Congreso, y, por lo que ha dado a entender John Kerry, su secretario de Estado, incluso si no lo consigue. De momento, ya hay algunas bajas colaterales, fruto aún del efecto del gran error que fue la invasión de Irak, aunque ahora no se trate de ocupar un país. Su gran aliado de siempre, el Reino Unido, no participará. No porque el Gobierno de Cameron no lo quisiera, sino porque se ha topado con una mayoría de diputados en contra tras un debate parlamentario en el que se habló casi más de Irak –la guerra olvidada por Occidente pero que sigue haciendo estragos sobre el terreno- que de Siria. Fue un gran debate de un gran parlamentarismo que refleja la altura democrática del sistema británico, lejos del español o francés en este aspecto, y que ha forzado a Obama a buscar el apoyo del Congreso ya que no tendrá el de la ONU. Alemania, tampoco entrará en esta acción. España anda en otras cosas. Y Francia sí participará, pese a la opinión en contra de una mayoría de los ciudadanos franceses apuntada en encuestas que no deben reemplazar un buen debate parlamentario. Pero, con alguna excepción, estamos asistiendo a un nuevo divorcio entre gobernantes y gobernados en Europa e incluso en EE UU, aunque esta vez pesan más los ciudadanos.

Y aunque algunos países árabes, como Qatar y Arabia Saudí, apoyan la operación, la Liga Árabe se ha mostrado reticente a toda acción militar sin aval de la ONU. Los regímenes de  Asia Occidental está en contra. La vecina Turquía sí apoya. Pero esta va a ser una acción esencialmente estadounidense y hasta cierto punto occidental. Ello cuando Occidente pierde pie, como ha puesto numéricamente de manifiesto el último Índice de Presencia Global del Real Instituto Elcano. Europa vuelve a no existir como tal, tras el fiasco del golpe de Estado que nunca quiso calificar así en Egipto.

En tales circunstancias, Occidente está violando lo poco de multilateralismo que quedaba, al saltarse al Consejo de Seguridad de la ONU en el que China y Rusia, que además de defender sus intereses en Siria se sintieron engañados por cómo se extralimitó la acción en Libia, pueden ejercer su veto. Claro que por hacer las cosas a medias en Libia ahora reina el caos y se hubo de intervenir en Malí. Es decir que hay mucho más en juego que la violación por El Asad de las reglas del juego.

Cada misil Tomahawk  llevará un mensaje adjunto para el régimen: no use armas químicas, pero si quiere siga con su guerra, masacrando a civiles y rebeldes armadas con una fuerza aérea de la que ellos no disponen. Es también una “obscenidad moral”, como la ha definido el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, el uso del arma química.

Sólo eso habría bastado para activar el principio de la Responsabilidad de Proteger, concepto en vigor desde 2005, que se aplicó frente a Gadafi. En un momento dado, al principio de los levantamientos, se barajó hacer uso de este principio para castigar al régimen de El Asad. Pero en Washington se ha preferido hablar de Crimen contra la Humanidad. Eso debería llevar al banquillo internacional, no a un bombardeo, menos aún cuando se le permite a Asad que siga con su guerra.

Pero claro, ¿qué se puede hacer tarde y mal, como señalaba Javier Solana? Es malo actuar sin legitimidad internacional (y nacional). Pero también es malo no actuar. Aunque es sabido de las consecuencias no intencionadas de toda acción militar. ¿O serán intencionadas? De momento, no se divisa estrategia alguna. Y eso es grave.

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Un pensamiento en “Sigue con tu guerra, El Asad

  1. Buen análisis pero no ofrece ninguna posibilidad de salida. Creo que el reto desde ya-tb antes pero ahora es imprescindible- es esforzarse en ofrecer salidas a las situaciones de conflicto, sean del tipo que sean.

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