¿Un sueño español?

Obama Xi Jinping

Los presidentes de los dos países más importantes del mundo, Barack Obama y Xin Jinping, se reunieron en Sunnylands, California el anterior fin de semana. El chino le explicó al americano el “sueño chino”, el último lema oficial, en un horizonte a medio y largo plazo, de 2020 y 2050. Y aunque EE UU ha perdido poder en términos relativos, el sueño americano –el de que cualquiera puede ascender con trabajo y suerte- se mantiene a pesar de la crisis y una creciente desigualdad que lo hace mucho más difícil. El propio Obama, el primer negro que llega a la Casa Blanca, es parte de ese sueño. Los grandes parecen poder soñar. Y este debate sobre sueños que tuvieron ambos mandatario me ha llevado a pensar, ¿dónde está el sueño español?

No. No voy a entrar aquí en lo que es español y lo que no lo es. Puede que para los independentistas una Cataluña independiente sea un sueño, mientras esta perspectiva le quita el sueño a otros. Pero, más que un sueño, es hoy por hoy un espejismo, justo cuando España está saliendo del que generó la doble burbuja inmobiliaria y financiera, que más que un sueño fue una borrachera que duró diez años, de 1997 a 2007, como diez años estamos tardando en salir de ella.

El sueño americano no es sólo una visión nacionalista sobre el dominio de EE UU sobre el mundo, en el que lo importante es no ser second to none. Es, como digo la idea de que cualquiera puede llegar. Y  hoy, entre los más ricos en EE UU hay muchos que no eran nada hace 30 años.

El sueño chino, del que habla Xi Jinping, es el de una nación que ha vivido como nunca otra una transformación sin precedentes. El desarrollo y crecimiento de China es uno de los mayores cambios de nuestra época, y lo hemos –lo han- vivido en una o dos generaciones (si las tomamos de 15 años). De ahí que a pesar de todos sus problemas, los chinos se sientan orgullosos de lo logrado y ansiosos, sin ignorar los problemas, de lo que aún les queda por lograr.

Nosotros, muchos españoles,  tuvimos un sueño: la democracia y el fin del problema militar, el crecimiento económico, la construcción de una amplísima clase media, el Estado del bienestar, el respeto y disfrute de la variedad cultural y la descentralización, y la equiparación e integración en Europa. Sí, se cumplió. Pero hoy el sistema se ha gripado, con el riesgo de una vuelta atrás en algunos terrenos. Por ejemplo, en la igualdad, pues como bien recoge el Informe sobre la democracia en España 2013: un gran salto hacia atrás de la Fundación Alternativas (quizás demasiado timorato en sus propuestas), España ha pasado a convertirse en los últimos años en una de las sociedades más desiguales de la UE.

El sueño parecía querer ser el de volver a dónde estábamos. Pero ya no es posible. Pues mientras llegábamos el mundo se había movido. Estábamos en el euro, pero no habíamos hecho las reformas necesarias para vivir en él, como ha recordado César Molinas en la presentación de su indispensable libro ¿Qué hacer con España? Además, había surgido –sería históricamente más justo decir resurgido- China y su sueño y lo que ello significa para España, aunque lo debatamos demasiado poco.

El mayor castigo sería que nos condenásemos nosotros mismos a no soñar. Sin caer en ensoñaciones, hay que generar otro sueño, que es posible. Pero ya estamos en un barco común. Y hoy el sueño español sólo puede ser parte, aunque no de forma suficiente, de un nuevo sueño europeo. Pero esa es otra historia.

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