Las tres guerras de Siria

Mideast Syria

La guerra en Siria esconde tres conflictos que se alimentan mutuamente, y que pueden hacer que acabe durando meses, si no años, con una violencia y nuevos niveles de brutalidad en ambas partes, denunciados por la Comisión de Investigación de la ONU, y con una salida poco atractiva.

En primer lugar, hay una guerra civil entre una parte extensa de la población, y el régimen de El Asad, en un país extremadamente complejo en su composición étnica. Lo que puede llevar a un conflicto aún más cruento -han muerto ya unas 80.000 personas- el día en que realmente las distintas comunidades se enfrenten entre sí. Puede acabar como Irak, aunque en Irak la violencia no sólo no ha acabado sino que está al borde de una guerra civil que puede dispararse por lo que ocurra no sólo en su seno, sino en Siria.

Ayudados desde fuera, los rebeldes no son capaces de ganar. Y el régimen tampoco, aunque puede aguantar durante tiempo. De hecho su posición militar se ha recuperado. Como declaraba Peter Harling, del International Crisis Group,  el régimen no puede reconquistar, no puede reformarse y no puede reconstruir. Es una guerra civil de suníes y algunos otros (como los kurdos pero no los cristianos que temen una dictadura islamistas) contra chiíes o alauitas asimilados. De una parte de la población que se inspiró en las primaveras árabes dos años atrás contra una dictadura laica. Y de islamistas suníes violentos próximos a Al Qaeda contra lo que sea, lo que complica aún más las cosas al haber un enemigo en las filas de los amigos, en lo que es casi una cuarta guerra.

Es también una guerra regional. Y de ahí cierta cautela. En Siria influye directamente también el enfrentamiento entre Irán y los suníes que marca todo Oriente Medio y el Golfo- y Occidente. Y también una cierta rivalidad por la influencia entre qataríes (presentes con sus armas y sus tropas especiales) y saudíes. Y la tensión regional con Israel, directamente con el régimen de El Asad e indirectamente con Líbano y con un Hezbolá que está interviniendo en Siria. Turquía, también, aceptando refugiados y sirviendo de paso para armas occidentales que llegan a los rebeldes. Si Siria revienta, la región se puede incendiar, y El Asad sabe esgrimir esta perspectiva que utiliza como amenaza. De ahí la necesidad de buscar una salida controlada. La intervención en Libia ha llevado a desestabilizar varias sociedades de la zona, entre otras la de Mali, lo que forzó la operación francesa. El caso de Siria es mucho más grave y complejo.

Dicha salida no será posible sin Estados Unidos y Rusia, sin una solución impuesta por ellos. Y éstos están enfrascados en su propia rivalidad. Rusia se sintió engañada en Libia y no está dispuesta a un nuevo aval del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras arma, con elementos indispensables como las baterías antiaéreas, a El Asad. Moscú defiende intereses en la zona y le viene bien que este conflicto mantenga elevado el precio del petróleo. Pero, sobre todo, busca una negociación con EE UU sobre el escudo antimisiles que considera un asunto existencial pues le restaría valor a sus propias armas nucleares. La Administración Obama ha frenado el despliegue del sistema, pero no ha renunciado a él. Rusia busca en Siria esta renuncia. Y de hecho, sin las armas y el apoyo ruso, El Asad no podría, incluso con la ayuda de Irán, resistir mucho.

EE UU quisiera armar a los rebeldes moderados, pero teme que sus armas acaben en manos de elementos de Al Qaeda. Pero se muestra disimuladamente activo. Las esperanzas están puestas sobre la nueva conferencia de Ginebra, prevista para este mes pero que de momento se ha retrasado ya a julio. La solución, si la hay, no pasa ya por pedir la salida de El Asad. Todo ha fracasado: los diálogos, la diplomacia, la guerra. Solo queda que los grandes logren imponer una solución, En el mejor de los casos, como señala un informe del ECFR (European Council on Foreign Relations), cuyo Consejo se ha reunido estos días en Viena y ha abordado este asunto, se trata de llegar a una situación como la de Líbano, sólo que en peor y en un país más grande: un parcheado de comunidades entremezcladas dentro de un Estado reconocido en su integridad territorial. Mejor, como decimos, que una ruptura. Aunque a lo más que se podría aspirar en lo inmediato es a un alto el fuego con Asad.

¿Y Europa? Como tal, ausente. Los 27 de la UE ni siquiera se pusieron hace dos semanas de acuerdo sobre si continuar o levantar el embargo de la venta de armas a los rebeldes sirios. Y así, el anterior embargo expiró. Ahora cada cual podrá hacer lo que le venga en gana. Y, sin embargo, esto puede acabar afectando a los europeos. Se calcula que unos 500 yihadistas han salido de Europa para luchar en Siria, como en su día en Afganistán o en Irak. Algunos, formados en la violencia, acabarán regresando.

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2 pensamientos en “Las tres guerras de Siria

  1. Pingback: Diez puntos para que sigas sin entender el conflicto en Siria |

  2. Las guerras civiles suelen ser así, en los candos enfrentados puede acabar habiendo una guerra civil dentro de la guerra civil, con influencias internacionales.
    Pero me parece que lo más interesante es el final. Sabemos ya de la impotencia de la UE para tomar posiciones. POr tanto, quizá especulemos, ¿qué posición hubiera podido tomar la UE que fuera útil para sus intereses y practicable?. El ejercicio no es sólo teórico. Si nos encontramos con que no hay tal posición “teórica”, estaríamos ante un grave problema, y deberíamos extraer consecuenicas sobre lo que es actualmente la UE?orlbmea

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