La competencia es de izquierdas

Competition

Este no es un país liberal. Incluso los que se autoproclaman liberales en términos económicos no lo son. En el fondo aborrecen la competencia que es la esencia del liberalismo económico (el neoliberalismo, como todo neo, es otra cosa). También muchas grandes empresas de este país. En el origen de toda fortuna en España “siempre suele haber una concesión”, indica un experto en inversiones en España, para el que Inditex (Zara) es “una excepción”. Hay otras. Aunque muchas empresas del Ibex-35 están íntimamente ligadas al Estado, a las tarifas y a la regulación. Por no hablar de un capitalismo propio, muy diferente al británico, en el que el accionista de a pie no cuenta. Algunos presidentes de grandes empresas españolas no lo serían si fueran británicas.

Nuestra derecha nunca ha sido liberal. Confunde liberalizar con privatizar.  En los 90, el PP privatizó antes que liberalizó, lo contrario de lo que venía haciendo el Gobierno de Felipe González. Como ocurre ahora con la Sanidad en Madrid. Se privatiza con otros fines, no para que haya competencia, pues son unas pocas empresas las que se reparten la tarta en el sector.

Y no es que las grandes empresas no sepan vivir con competencia. Muchas de ellas actúan en los mercados extranjeros donde sí la hay. Pero parece como si hacia el interior quisieran mantener sus feudos, su imbricación con el poder público. Aunque, como pone de relieve  Pedro Saura García, portavoz de Hacienda del Grupo Socialista, en lo que es una bocanada de aire fresco, ganar en competencia interna, para lo que se requiere un cambio en el asfixiante marco regulatorio e institucional español, sirve para mejorar las capacidades para competir fuera.

El brasileño Roberto Mangabeira Unger utilizó el término “mercantilismo plutocrático” para describir la situación española. Ángel Pascual Ramsay ha escrito que, en la actual situación, “la élite empresarial responsable puede reaccionar de dos formas: seguir refugiándose en el victimismo o hacer frente a sus carencias y superarlas. Sin lo segundo, España no saldrá de la crisis. Pero para lograrlo hace falta un cambio de cultura”.

Y ese cambio de cultura tiene básicamente un nombre: más competencia. Una parte de la izquierda, como el citado Saura, parece entenderlo. Pero no toda. La izquierda debe recuperar capacidad de modernización. Pese a que existen programas muy loables que van en sentido contrario, ¡cuántos emprendedores jóvenes se quejan de lo difícil que es entrar en estos mercados cerrados! Es verdad, que las empresas defienden sus intereses, pero el Estado no está para apoyarlas hacia el interior –con favores cruzados en la financiación de partidos políticos-, aunque sí deba apoyarlas en el exterior.

España está en el puesto 44 del ranking del Banco Mundial sobre la facilidad para hacer negocios (Doing Business), en el 24 entre los más desarrollados. Sí, por encima de Italia, pero demasiado atrás.  Este país está necesitado de competencia. Es la fuerza que más puede ayudar a su desarrollo. El fomento de la competencia debe ser un elemento central de todo programa de izquierdas: de todo programa, a secas. Pues es lo inteligente. Luego el Estado corregirá los efectos desiguales que pueda provocar no ya entre las empresas sino sobre los ciudadanos. Una de las funciones básicas del Estado, se olvida demasiado a menudo, es crear mercado.

Claro que para lograrlo hay que ir contra los intereses creados, grandes y pequeños. Con ellos choca todo Gobierno, de izquierdas o derechas. Vuelve, una vez más, la Ley de Colegios y Servicios Profesionales a eso que se ha venido en llamar el Programa Nacional de Reformas 2013. Está por ver si realmente se liberalizaran o si, de nuevo, dominará el temor a enfrentarse a unos grupos que conforman la elite..

En ese programa hay un elemento sumamente preocupante para el tema que nos ocupa: el Proyecto de Ley, ya en tramitación en el Senado, de Creación de la Comisión Nacional de la Competencia. Bajo la excusa de racionalizar a los reguladores –los reguladores son esenciales para la competencia, como los frenos en un coche sirven para poder ir más deprisa, no más despacio, como dijo Schumpeter-, se los concentra y se hace que dependan para sus funciones, mucho más de los ministerios y del Gobierno. Que pierdan independencia.

Afortunadamente, la Comisión Europea ha obligado a rectificar algo al Gobierno a este respecto, como le ha forzado a garantizar una mayor independencia a la Autoridad Fiscal en ciernes. Para que luego se diga que Europa ya no es la solución, o al menos parte de la solución. Si no fuera por Europa, nos limitaríamos a privatizar sin liberalizar, a reducir en vez de ampliar el margen de la competencia. Y esa competencia es esencial para salir de la crisis con energía, con crecimiento. Y para democratizar la economía, que buena falta hace.

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4 pensamientos en “La competencia es de izquierdas

  1. A vueltas con “la competencia” llevo un timepo pensando que uno de los mayores lastres del régimen de competencia perfecta es el sistema de comisiones y prebendas , comidas y regalos que con todo el descaro impera en el pais. En mi opinión la persecución de estas conductas , su puesta de manifiesto , la identificación de los autores y su castigo por alterar las reglas de funcionamiento del mercado se hace imprescindible. No es el Codigo penal el medio de acabar con estas actuaciones sino una política decididia desde las autoridades de la “competencia”.

  2. Bueno, hay quien piensa que una de las grandes contradicciones de la economía liberal es que de modo natural, por su propia evolución, acaba socavando su principio o base: la libre competencia. Ya sé que poco tiene que ver con el “capitalismo castizo”, ya secular, del que se habla aquí de forma en que coincido. Pero el establecimiento de unas elites en todo mercado consolidado es un hecho común en toda economía liberal. Sólo con los adelantos tecnológicos que ponen en el mercado nuevos productos suele haber al principio competencia entre empresas que fabrican esos nuevos productos. Pero finalmente, por su propia evolución, la competencia acaba desapareciendo sin que necesariamente el monopolio recaiga en quienes mejores soluciones ofrecen sino en el que más potencia económica contaba al inicio (falsas fusiones y compra de empresas de la competencia para simplemente hacer desaparecer su producto del mercado) Así que a Saura también le diría que tuviese cuidado con eso del tamaño, pues no siempre significa competencia en el mercado interno aunque sea necesario para competir en el externo frente a los otros gigantes (no más de una decena de empresas que en cada sector controlan el comercio mundial)

  3. Estoy de acuerdo Andrés. En España hay demasiadas empresas intentando influir en el BOE. Un exceso de capitalismo castizo como lo denomina Cesar Molinas. La regulación muchas veces más que fomentar la competencia y evitar los abusos, la limita a favor de los que tienen capacidad de influencia en el poder político, en detrimento, en general, de los sectores empresariales más dinámicos. Un ejemplo muy claro son las eléctricas y las consecuencias que, para la industria tiene, un coste de la electricidad que nada tiene que ver con el mercado

  4. Totalmente de acuerdo, querido Andrés, excepto en que los gobiernos de Felipe González también confundieron a veces lo de liberalizar con privatizar. Estaba entonces bastante metido en el mundo de la automoción, el transporte y la logística, porque trabajaba en la revista de mi familia, Técnicas de Transporte y Almacenaje, y viví desde finales de los 80 aquello con bastante intensidad, y escribí editoriales y artículos criticando esta confusión, que era completamente interesada en el caso de los empresarios de transporte, por ejemplo en relación con la privatización de las líneas de autobuses y autocares, de RENFE, de puertos y aeropuertos, etc.

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