El ajuste de la austeridad

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La austeridad no funciona, o mejor dicho, la austeridad sola no funciona. En el sentido de que, en el caso de España, tres años después del anuncio de los recortes por Zapatero en aquel fatídico mayo de 2010, no sólo no está generando crecimiento y empleo, sino que, de momento, está agravando la situación.

Pero ¿qué es la austeridad? En el caso de España y otros países de nuestro entorno- no consiste sólo en recortar gasto público sino que también implica una austeridad privada, en todas las empresas y en los hogares ante la reducción de ingresos. Ésta deriva, en el caso de las personas, del paro y de la contracción de salarios en esa devaluación interna a que nos obliga una crisis asimétrica en una unión monetaria. Una cosa y la otra están ligadas, claro. Pues la austeridad, como señala Mark Blyth en Foreign Affairs es la deflación deliberada de salarios y precios internos a través de recortes en el gasto público.

¿Estaríamos mejor fuera del euro donde podríamos haber llevado a cabo una o varias devaluaciones externas? Sería engañarse, aunque políticamente siempre es más fácil una devaluación externa que una interna. La devaluación interna va a seguir en España y en otros países. Pero de la mano de los despidos y de las reducciones salariales, el Coste Laboral Unitario se ha reducido en España en 5,1 puntos entre 2010 y 2013, recuperando competitividad. Ahora falta, abordar no sólo la cuestión de los salarios sino de la competitividad de productos, lo que implica también reformas estructurales reales y reducir los márgenes de beneficios de las empresas que han sido excesivos en la época de bonanza y más responsables que los salarios de la pérdida de competitividad española en los años buenos. A pesar de todo, la gente aún entiende que estamos mejor dentro que fuera. La credibilidad de la UE se ha derrumbado a ojos de los españoles, pero no la del euro.

Voces importantes y de peso se han empezado a elevar en Europa contra una austeridad que está, además, perdiendo el apoyo del mundo académico. En el mejor de los casos, la desausterización será más mucho más lenta que lo fue la implantación de la austeridad, y ni siquiera estamos en eso, sino hablando no de acabar con la austeridad, sino de completarla con políticas de crecimiento que no están claras. Tres años después seguimos recortando (ahora, con la nueva flexibilidad) y subiendo impuestos. Y seguimos, como era de esperar, en recesión, con unas perspectivas, en el mejor de los casos, de bajo crecimiento durante varios años, insuficiente para impulsar el empleo en un grado significativo.

¿De qué estamos hablando realmente? Los Estados del Sur de Europa están arruinados y no tienen ya dinero para esos estímulos que habría que financiar en unos mercados que siguen castigando, aunque menos, a nuestra deuda. El servicio de la deuda española va a costar este año, 38.000 millones de euros o 22% de los Presupuestos del Estado, o más del 3% del PIB. Es decir, que si España estuviera pagando los mismos tipos de intereses que Alemania  (lo que pasaría si estuviéramos en una verdadera unión monetaria), podríamos limitar los recortes sobremanera y estar creciendo en vez de en recesión. Y de eso se trata: de salir de la recesión y empezar a crecer y a crear empleo. Pues esa es la palabra mágica: crecimiento.

Ahora bien, el margen de maniobra para un estímulo se ha estrechado sobremanera. Por los mercados, y porque hemos aceptado en la reforma de la Constitución y en el Pacto Fiscal el principio de la estabilidad fiscal. ¿Cómo salir de este embrollo? A lo que la Comisión Europea le ha autorizado a España es a flexibilizar su calendario de recortes hasta 2016, pero no a dejar de recortar y pasar al estímulo. Estamos ajustando la austeridad. Además, el posible estímulo, si no es muy dirigido a sectores y actividades concretas, no tiene garantías de éxito si la economía sigue gripada no sólo por la falta de gasto y de crédito, sino por la falta de reformas estructurales que liberen sus energías creativas, pero que se retrasan una y otra vez.

El Banco Central Europeo, a diferencia de la Reserva Federal de EE UU o del Banco de Japón, no es un banco emisor, al menos en forma directa, por lo que carece de la máquina para lo que vulgarmente se llama imprimir dinero y estimular la economía. Europa ha corrido como nunca, y sigue corriendo, en su integración monetaria, bancaria y fiscal, pero la realidad va más deprisa.

AUSTERITYHabría tres salidas: la primera, ante la imposibilidad de estímulos nacionales, un estímulo europeo, pero no hay presupuesto común para ello. Francia e Italia reclaman que, al menos, se ponga en marcha el programa de 60.000 millones de euros de préstamos del BEI y otros fondos, que decidió en este sentido el Consejo Europeo, y que se ha retrasado.  

La segunda salida es que los países que sí tienen dinero y, como se decía antes, posibilidades, y muy esencialmente Alemania, estimulen su economía para tirar de las demás (y también para que compren productos alemanes). Al menos antes de las elecciones de septiembre, Merkel se niega a dar tal paso. Y después, está por ver. El discurso europeo de los socialdemócratas no es tan diferente. Claro que detrás de esta posición hay otra, muy propia de ese Gobierno y de otros: la que dice que nosotros ya hemos hecho los deberes, ahora que los hagan otros.

Y tercero, impulsar la inflación para reducir el coste real de la deuda, pero serían los sectores más pobres de la población los que más lo sufrirían, España perdería competitividad, y el BCE trataría de impedirlo. Es anatema para Alemania

Varios países pueden unirse para forzar un cambio en la política económica alemana. Francia, Italia y España lo consiguieron al convencer a Merkel de ir adelante con la indispensable Unión Bancaria. Europa del Sur podría haberlo hecho si hubieran amenazado con dinamitar el euro. Pero no hay Europa del Sur. Los que piden, pedimos, la solidaridad somos insolidarios entre nosotros, y esa insolidaridad nos resta fuerza. Quizás con Letta en Italia, se piensa, es el momento de construir un frente del Sur, Francia incluida.

Previsiblemente, la alternativa a la austeridad se parecerá mucho a la austeridad, y, en todo caso, tardará en llegar. Lo único que está claro es que la austeridad no puede ser sólo austeridad, porque sola no está funcionando. ¿Aguantarán los sistemas políticos a la espera de las elecciones alemanas en septiembre o de sorpresas diversas? Ese es otro problema de esta Europa. Tiene sus calendarios electorales absolutamente descoordinados con sus necesidades reales.

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4 pensamientos en “El ajuste de la austeridad

  1. Aparte de la austeridad que yo creo que es necesaria existen en mi opinión otras actuaciones que podrían adoptar los países y que podrían remediar en parte la falta de ingresos fiscales tan necesarios para poder hacer frente a los gastos sociales y de deuda que se han disparado como consecuencia de la crisis. Estoy hablando de reducir la economía sumergida ¿no se dice que en España alcanza el 20% del PIB?,y…. ¿qué pasa con la evasión fiscal y con los paraísos fiscales? en donde cantidad de empresas y personas privadas esconden su dinero sin tributar.
    Si se pudiera actuar decididamente sobre estos problemas se conseguirían unos ingresos fiscales muy importantes sin deteriorar ni ahogar las economías de los países con mas impuestos.

  2. Es curioso que hasta los politologos hagan muy buenos analisis economicos pero que pasen de soslayo por la reforma de Europa.Cuando las relaciones económicas mundiales cambian los europeos necesitamos ser europeos y no un conglomerado de reinos de taifas del sur,del centro del este, del oeste . Si se unifica Europa políticamente seras mas fácil coordinar las politicas economicas para poder competir en un mercado cada vez mas globalizado.Y para ello habrá que democratizar Europa que no tienes cauces democráticos para la toma de decisiones.
    Al final un economista, como yo, hablando de política y un politogo hablando de economia . Curioso.

  3. Efectivamente Andrés , estoy contigo , desde un punto de vista interno es necesario un extraordianrio ajuste en las políticas de beneficios empresariales, de modo que los pequeños márgenes de ahorro, tras los ajustes salariales, faciliten una expansión de consumo interno que al menos alivie la sensación de crisis. El factor psicológico es también importante.
    Jose Manuel (Madrid)

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