¿Lo harán ellos?

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El sistema político está haciendo aguas. Estamos ante un final de régimen, aunque no se sabe el tiempo que tomará transformarlo. Cuando más dure, más difícil será un cambio con reforma y no con ruptura, en un país que no ha sabido nunca reformar sus constituciones –entiéndase reformas a fondo- sino que siempre la has cambiado de forma traumática. Estamos ante una oportunidad de hacer bien las cosas. El problema es ¿quién lo hará? ¿Existen los actores políticos para conducir este cambio?

Reformar la Constitución es necesario, pero no suficiente. Pues hay que actuar también al nivel de todas las instituciones –incluida, claro está, la Corona-, y de los partidos,  con cambios que en algunos casos no resolverán nuevas leyes. Lo más difícil es una transformación de la cultura política imperante, sin la cual todo esfuerzo resultará vano. Pues, a pesar de las diversas constituciones y regímenes, el caciquismo, por ejemplo, tiende a reproducirse, a veces a través de las mismas familias en diversos regímenes (como ha ocurrido, según recuerda José Saturnino Martínez, con los Fabra en Castellón desde principios del siglo pasado).

Si reformar a fondo la Constitución es necesario, resulta sumamente difícil, pues para garantizarla frente a los demonios del pasado se optó por un método no sólo complicado, sino con riesgos políticos para quienes emprendan este camino: decisión sobre el principio de reformarla (por mayoría de 2/5) elecciones (que pueden cambiar la mayoría existente), reforma de nuevo por mayoría de 2/5 y referéndum. Por ello, habría que hacerlo al final de la Legislatura, con un pacto anterior, aunque no convendría tener tres o cuatro años con el debate constitucional abierto.

No es que éste sea su objetivo, pero la reforma de la Constitución podría subsumir el problema catalán. Pero sólo lo logará si Catalunya consigue alguna cosa nueva en la nueva Constitución, entre otras, el reconocimiento como “nación”, en una España plurinacional, desdramatizando (como en el Reino Unido) el propio concepto en un país cuya condición central ha pasado de ser un Estado-nación, a ser Estado-miembro de la UE.

Esto es algo que hoy por hoy, ni el PP ni el PSOE pueden aceptar, como tendrían problemas para admitir otras cosas. La cuestión es que si van a surgir unos líderes políticos no sólo con la valentía histórica de reformar a fondo la Constitución, sino de arrastrar a los suyos por este camino. ¿Rajoy y Rubalcaba?

No nos pensemos que todos en el PP están en contra. Hace poco pudimos escuchar en un acto público (la Conferencia Anual Francisco Fernández Ordóñez) al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, convertido en la conciencia del Gobierno, afirmar que la Constitución “está agotada” y necesitada de una reforma en profundidad. Se necesitan más afirmaciones de este calibre. Incluido el reconocimiento de verdades como que la imputación de la infanta Cristina afecta gravemente a la imagen de España. Pues el problema de Rajoy quizás no sea tanto él mismo, sino el inmovilismo de un sector del PP.Rubalcaba también tiene problemas en el PSOE. Pero ambos se verían reforzados por tal proceso de reforma constitucional, que, además, generaría una dinámica de pactos demasiado tiempo ausente. ¿O tendría que ser al revés?

Está bastante claro lo que hay que hacer, el punto de llegada. No lo están el camino, ni la estrategia para lograrlo, y menos aún los actores que han de representar este drama. Entre los que figura también el Rey. No sería recomendable su abdicación prematura antes de haber reformado la Constitución.

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