Bajón de nivel

MINOLTA DIGITAL CAMERAEspaña está sufriendo un bajón de nivel. Desde la crisis, desde los recortes y desde que es un país en parte intervenido, se nota en casi todo,  En la economía, en la política, en el debate cultural e intelectual. Se aprecia en la presencia internacional de España. Durante un tiempo, España estuvo en una categoría superior a su peso. “Si alguna vez, España boxeó por encima de su peso en Bruselas, hoy lo hace muy por debajo”, señala Ignacio Molina en un paper recomendable. Lo logró por su cohesión interna y el ejemplo de la Transición, por su dinamismo económico, por su integración en la UE y por un nuevo tipo de relaciones bien diseñadas con América Latina alejadas de la retórica. Esencialmente, lo logró por estar a la altura de los tiempos, porque sabíamos lo que queríamos ser.

De un tiempo a esta parte, cuando ya no lo sabemos, esta presencia es más liviana, influimos menos, incluso si se dan algunas contribuciones valiosas pero que pasan desapercibidas al debate europeo. El secretario de Estado de EE UU, John Kerry, ha viajado a Europa, pero no a España, y eso que la de Rota se ha convertido en una base imprescindible para la estrategia global de su país. Contamos menos, y seguimos sin tener una política digna de presencia en los organismos internacionales. Compárese con los tiempos de los Solana, Mayor Zaragoza y Rato en el FMI, del que este último huyó –socavando la credibilidad de su país- cuando el Fondo estaba a punto de convertirse en central no sólo para la salida de la crisis en el mundo, sino para España.  Parece como si nos hubiera embargado un ensimismamiento nacional cuando más pernicioso resulta.

Pero el bajón de nivel no es sólo diplomático o de presencia internacional. Lo es también interno, de una clase política cuya calidad también se ha reducido si se compara con la de hace 30 años. Es algo que puede pasar en algunos países de nuestro derredor, pero no en todos. Francia, Alemania y Reino Unido, o los nórdicos, mantienen una calidad de los políticos superior, aunque también haya sufrido una merma. Esto es en parte consecuencia del sistema de partidos que se instauró en la Transición y que cumplió su papel pero que, falto de reformas, ha producido serias disfunciones.

El debate político es pobre. La vida parlamentaria ha decaído, mientras se abusa de los Decretos-Ley. Y los casos de corrupción no sólo dañan gravemente la credibilidad de la política hacia los ciudadanos, sino hacia afuera. Lo único que parece progresar de la mano de la crisis de la política es, auto-organizándose (desgraciadamente algunas veces con violencia), la sociedad civil

La crisis de liderazgo es patente cuando éste es más necesario que nunca. Probablemente, con liderazgo político, a estas alturas estaríamos con un amplio consenso para salir de la crisis, e incluso para encauzar nuestros conflictos territoriales e identitarios. Es decir, con un proyecto de país.

Bajo es también el intelectual, no sólo en España pero muy especialmente aquí. ¿Dónde están nuestros intelectuales?, como respecto a los filósofos, se preguntaba Javier Gomá. (¿Dónde está la Gran Filosofía?) Deporte aparte, el debate intelectual, con honrosas excepciones pues siempre las hay y conviene cultivarlas, está relativamente ausente a la hora de diseñar ese proyecto de país, y de analizar no ya las causas de lo que nos ha pasado, que están bastante claras, sino las maneras de salir de un marasmo del que no saldremos bien por puro automatismo. Tenemos una crisis de presente agudizada por una crisis de futuro. Y para labrarse el futuro contará tanto o más que salir cómo salir.

También los medios de comunicación, necesarios para estructurar una sociedad compleja, en lo que bien ha profundizado Jürgen Habermas, han perdido altura por diversos motivos, entre otros, pero no sólo, económicos y financieros. La eclosión de los nuevos sistemas de comunicación ha influido a la hora de perder referentes en un momento en que serían más esenciales que nunca. Y todo ello, como en una bola de nieve, alimenta ese bajón de nivel del país. Un país, sin embargo, en el que una parte importante de la economía funciona bien aunque una parte del empresariado se resiste a la verdadera competencia. Pero otra no, y es la que hay que reinventar. Naturalmente, no se trata de compartimentos estancos. Como señala Luis Bassets, la baja calidad democrática significa menor calidad periodística. Y viceversa. Es el país en su conjunto el que ha bajado de nivel.

Si este país y sus gentes, que han atravesado pruebas mucho más duras, se aunaran podrían volver a dar un ejemplo al mundo y recuperar el nivel perdido.

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Un pensamiento en “Bajón de nivel

  1. Bajón de nivel ….
    1. El miércoles se reúne la Junta Directiva Nacional del PP, es el órgano encargado de controlar al consejo ejecutivo, hace nueve meses que reúne. La última vez en junio,en un viaje turístico a Sevilla.
    2. El Consejo Ejecutivo del PP no se reúne desde hace más de un mes, después de las meteduras reiteradas de pata de Cospedal y Floriano.
    3. El PSOE, por volunta de Rubalcaba, ha metido de rondón en su ejecutiva a Ramón Jáuregui, curiosamente será el más presentable de los asistentes a tales reuniones.
    4. El PSOE trató de desembarazarse de su anterior secretario general, y presidente del Gobierno, durante un año y medio. Su Comité Federal se reunió tres veces, traumáticametne, sin llegar siquiera a plantearlo. Pero llegaron a grandes cosas, como hacer imposible que se volviera a presentar y convocar en julio unas elecciones para noviembre.
    Cualquiera de las cosas anteriores averguenzan sobre el nivel d ela política española. ^Pero en las empresas tampoco se cubre el expediente, siquiera, de códigos de conducta tan laxos como el de Olivencia.
    Nos hecmos concentrado en la corrupción, pero la política está causando gravísimos daños al país: ausencia de uan política educativa digna de tal nombre, sobre costes en una política energética atrabiliaria, decisiones disparatadas y despilfarro total en infraestructuras. Como es lógico, la presencia internacional también va por tierra.

    Un saludo
    John Falstaff

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