El Gran Atlántico: ¿Un año suplementario de salario?

Transatlantic

El presidente de EE UU ha oficializado en su discurso del estado de la Unión el proyecto de una Alianza Transatlántica de Comercio e Inversión con la Unión Europea. Es probablemente una de las apuestas fuertes de “Obama, el europeo” en su segundo mandato, un nuevo tratado para cambiar no sólo la realidad transatlántica, sino la global. Pues tal Alianza, si se logra, pesará en el mundo multipolar de la globalización.

Dan Hamilton, director del Center for Transatlantic Relations, es uno de los impulsores de este proyecto. Participó el pasado sábado en la reunión anual “War&Peace in the 21st Century”, organizada por el CIDOB en Barcelona, justamente sobre las perspectivas transatlánticas. Según él, la Administración quiere que este proyecto se convierta en realidad, en un tratado firmado y ratificado (los sindicatos de EE UU lo apoyan) antes de que acabe el mandato de Obama en cuatro años, y la Comisión Europea quiere cerrar las negociaciones en dos. No quiere caer en un proceso interminable. De hecho, desde Bruselas y desde Washington se viene prenegociando desde hace tiempo en este gran plan, apoyado por la hasta hace poco secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, y que hoy es más necesario que nunca, y a él podrían sumarse posteriormente otros países. Hace años, Merkel lo propuso, aunque se topó con serias resistencias por parte de París.

No se trata de una mera zona de libre cambio, pues la economía transatlántica se basa tanto o más en inversiones mutuas que en el comercio recíproco (mientras que las relaciones con Asia son esencialmente comerciales). No importa tanto lo que venda Ford desde EE UU, sino lo que invierte en sus plantas en Europa y fabrica y vende desde aquí, o en sentido inverso Iberdorla u otras empresas. Y tiene que abordar también los servicios.

Algunos datos aportados esta semana por el Center for Transatlantic Relations hablan por sí solos:

  • Una iniciativa que eliminara barreras al comercio y a la inversión podría impulsar de forma permanente el PIB por habitante en ambas partes del Atlántico en un 3,5%, o el equivalente a un año de salario suplementario en la vida laboral de cada estadounindense y europeo, y crear siete millones de nuevos empleos.
  • La economía transatlántica es la mayor del mundo: 50% del PIB mundial en valor y un 41% en términos de poder de compra.
  • Genera 5,3 billones de dólares, y emplea a 15 millones de personas, generalmente en puestos de trabajo de calidad.
  • A finales de 2011, la inversión de EE UU en Europa era seis mayor que en Asia. Por supuesto en el Reino Unido, y Holanda. Pero es significativo que la inversión norteamericana en Irlanda es seis veces mayor que en China. De hecho, en los últimos dos años, las empresas estadounidenses están desinvirtiendo en China.
  • EE UU y Europa son las dos economías líderes en servicios en el mundo.

Hay un dato muy negativo y preocupante: aunque la inversión estadounidense en Europa en general ha aumentado, su nivel, en los nueve primeros meses de 2012, se ha reducido hacia Italia y hacia España. Egipto consiguió más inversión de EE UU en ese periodo que ambos países europeos juntos.

Están, sin embargo, surgiendo críticas cobtra este proyecto. Así, para Olaf Gersemann y Martin Greive, en Welt am Sonntag, lo que llaman una “OTAN económica” tendría cuatro grandes razones en su contra: 1) sería un mal ejemplo para el resto del mundo; 2) los demás países estarían en desventaja; 3) sería el golpe de gracia para la Ronda Doha sobre el comercio mundial (que está muerta); y 4) es un proyecto basado en los socios comerciales equivocados..

Esta Alianza se podría acompañar de otra iniciativa que en su día salió de Hamilton y de su centro, y que el entonces presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo suya en su viaje a Washington hace ahora dos años: la Iniciativa de la Cuenca Atlántica que uniría mediante redes y otros vínculos no necesariamente de Estado a Estado, a los países atlánticos de las Américas, África y Europa para afrontar problemas y posibilidades comunes. Una propuesta que ha contado con apoyo en África, sobre todo por parte de Marruecos, pero a la que pueden ser reticentes los latinoamericanos, y muy especialmente Brasil.

No va ser fácil conseguir esta nueva Alianza, esta vez económica. Pero se se logra supondrá un cambio de primera magnitud en el mundo globalizado, EE UU y Europa estarán marcando los estándares en muchos terrenos para el resto del mundo.

Si Kishore Mahbubani habló de un “hemisferio asiático”, ¿podríamos hablar de un “hemisferio atlántico”, se preguntó Hamilton. Pues, recordó, además de todo lo dicho anteriormente, que los grandes descubrimientos de petróleo y gas de los últimos tiempos están en el Atlántico, así como son estos países los que más biocombustibles producen.

Claro que para la Unión Europea esto cambiaría algunos parámetros, pues puede diluir la importancia del mercado único en un marco más amplio, el transatlántico, y agudizar una creciente irrelevancia de la UE frente a su núcleo integrador, la Eurozona. Entre los ins y los outs. Son años importantes para la UE. Hacia adentro y hacia afuera.

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