El Papa emergente

Papas

“Queridos miembros del Cónclave”:

“Ya conocéis las razones de mi renuncia, y aunque no es algo habitual, espero que me comprendáis. Os corresponde ahora a vosotros escoger a un sucesor que esté a la altura de los tiempos. No estoy seguro de haberlo logrado yo mismo. Llegué a la Silla de San Pedro a una edad demasiado avanzada como para conseguir una reforma siempre aplazada de una Curia que nunca me interesó. La tarea queda pendiente para quién ocupe mi puesto. He tenido que navegar contra el viento, al menos en Europa. Yo tenía una idea clara, la de que la Iglesia debía recuperar sus esencias, para lograr ser más auténtica aun a costa de ser, temporalmente, más pequeña. Sólo así lograremos seguir siendo la primera religión del mundo.

Algún comentarista español, tras mi elección en abril de 2005, se permitió considerar que ésta había sido un error, pues la Iglesia necesitaba entonces un Papa menos teólogo y más sociólogo. Os ruego que no renuncies a lo primero, aunque quizás sea hora de pensar en lo segundo.

La Iglesia está perdiendo terreno en una Europa que cede al descreimiento y al ateísmo y está necesitada de una re-evangelización que yo he intentado pero no he conseguido. El Consejo Pontificio para la Promoción  de la Nueva Evangelización no ha logrado sus fines, no ha despegado. Los Estados Unidos tampoco me tranquilizan pues temo que se deslicen por esa misma pendiente, con cierto retraso, y, menos mal, el freno de una población hispana y cristiana que cada vez pesa más.  Aunque cuidado, en todas las Américas y en otros continentes, con nuestros mayores rivales, los evangélicos, que avanzan tanto o más que nosotros en esa tierras, en África e incluso en la China comunista. Las sociedades islámicas (con las que es difícil dialogar) me preocupan menos. No será posible evangelizarlas. Pero quieren volver a sus fundamentos.

Sé que no debo determinar vuestro voto –aunque no olvidáis que a la mayoría de vosotros os hemos nombrado mi predecesor Juan Pablo II y yo mismo- pero quizás haya llegado el momento de elegir un Papa del Tercer Mundo, de lo que ahora se viene en llamar los emergentes. Os recomiendo a uno de América Latina –allí es donde está nuestra mayor fuerza (un 49% de los católicos están en las Américas, frente a solo un 26% en Europa)- , aunque el nombre os llegará por otro tipo de inspiración. Y allí no se han visto sometidos a los escándalos que nos han afectado en Europa o incluso en EE UU.

Sé que la tentación de seguir con un Papa europeo es grande, sobre todo cuando entre los 118 cardenales con derecho a voto, 68 sois europeos, y porque esta Iglesia no se entiende sin Europa. La tentación es incluso grande de volver a un Papa italiano, tras vuestra experiencia con uno polaco y yo mismo alemán. Pero os equivocaríais. La Iglesia se debe adaptar al mundo global, y a su nueva realidad social, a su nueva base.

No creo equivocarme en mi consejo, pese a que yo, como decía aquel comentarista, haya sido un Papa que ha llegado tarde. Para otros tiempos.”

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