Hijos del despotismo ¿ilustrado?

Carlos III comiendo ante su corte, de Paret, isftic

Un gran problema de España –y de algún otro país de nuestro entorno- es que somos hijos del despotismo ilustrado y no de la Ilustración. De aquellos barros vienen estos lodos. La Transición lo tapó durante unos años, pero de nuevo algunas tendencias profundas arraigadas en nuestro ser, resurgen. La corrupción política es parte de eso.

El caciquismo del XIX no ha desaparecido, sino que se ha transformado, ahora agazapado en una parte del sistema autonómico y local. La connivencia entre lo público y lo privado, tan característica de España y que ha llevado a lo que el filósofo y político brasileño Roberto Unger llama, para el caso español,  el “mercantilismo plutocrático”, está muy presente en estos escándalos. Es algo muy diferente de la cada vez más necesaria colaboración público-privada, o del apoyo del Estado a las empresas españolas en el extranjero. Está en la base de la corrupción y del anquilosamiento económico de España, como ya hemos alertado con Pascual Ramsay.

Pero no nos equivoquemos. Los políticos y organizaciones que han caído en la corrupción –no es una cosa general pues la mayoría de los políticos honrados- son los primeros responsables. Pero también lo son las empresas que corrompen, que los financian de forma ilegal a cambio, es de suponer, de favores. Y también lo son los ciudadanos que votan a corruptos a sabiendas -inclsuo para una cuestión de voto basta la sospecha- de que lo son, como se ha demostrado repetidas veces (Fabra, Camps, etc). Como cantaba Joan Baez, “si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”.

Este, aunque sea obra de una minoría, es un problema de país.

A todo ello contribuye, sin duda, una marcada falta de respeto en este país, a menudo desde las autoridades o algunos de sus representantes al principio de la legalidad, lo que socava la confianza en la Justicia. Aunque hay que separar claramente lo que son responsabilidades políticas –en las que no suele concurrir la presunción de inocencia- de las judiciales. Y la profusión de leyes no implica más justicia, como bien vivimos durante el franquismo con leyes que no se cumplía (y otras que desgraciadamente sí). Como indicara Tácito, “cuánto más corrupto es el Estado, más leyes tiene”. La derrota de los afrancesados en España tiene mucho que ver con esto.

La ejemplaridad pública, brillantemente meditada por Javier Gomá como principio organizador de la democracia moderna, no es que esté ausente, sino que estamos en la situación contraria: la mala ejemplaridad pública. . Y en un momento especialmente grave. Cuando se le pide sacrificios a los ciudadanos –más impuestos, menos salarios, menores prestaciones sociales (y más paro)- y se descubre que una parte de la clase política defraudaba y engañaba, lo que está colmando un cierto hartazgo. ¿Hasta dónde?

Ahora se vuelve a hablar de nuevas medidas contra la corrupción política. Desde luego hay que recuperar el buen funcionamiento de las instituciones, a comenzar por un Tribunal de Cuentas que por razones políticas y funcionales ha perdido en buena parte la capacidad de cumplir sus fines. Luchar contra la corrupción requiere dar nuevos pasos decisivos y mecanismos de control. Pero también un cambio de cultura política y social. Un curso acelerado en Ilustración, moralidad y ejemplaridad, para quitarnos era rémora del despotismo ¿ilustrado? y lo que vino después.

Entretanto, pues eso, caiga quien caiga.

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Un pensamiento en “Hijos del despotismo ¿ilustrado?

  1. Escrito el día en que se ha hecho público que el alcalde, tenientes de alcalde y la varios concejales de Barcelona cobran más de 100.000 euritos. Una parte por sueldo, nada que discutir. Otra de dietas de multiples organismos. Esto ya le pasó a una teniente alcaldesa de unja ciudad del área metropolitana, vicepresidenta de la Dipiutación, y esposa del Presidente Montila, quien, según nos explicó su marido, no cobraba más que un sueldo, Pero se llevaba a casa 126.000 euros. La verdad, no veo yo en este comportamiento ninguna empresa privada, ni a pillos ciudadanos animándoles.
    La política en España se ha convertido en un putiferio, sencillamente, por la falta de reglas, y entre esa falta de reglas, esta la opacidad de las retribuiocnes. Ah, lección para los concejales que cobran menos de 100.000 euritos en BCN: si sois buenos y no montaís bulla, es posible que en unos añitos vosotros ascendáis también al paraíso.
    Es verdad que el libro nacional no es El Quijote, sino El Lazarillo. Pero no confundamos las cosas, lo que está pasando en España es que los aparatos políticos están habitados por cleptómanos, son todos cleptómanos, naturalmetne que no, pero el aire lo imponen.
    Un saludo
    John Falstaff

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